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Planeta Vivo

Historias y Cuentos

El Viajero Extraviado

Erase un campesino suizo, de violento carácter, poco simpático con sus semejantes y cruel con los animales, especialmente los perros, a los que trataba a pedradas.
Un día de invierno, tuvo que aventu-rarse en las montañas nevadas para ir a recoger la herencia de un pariente, pero se perdió en el camino. Era un día terrible y la tempestad se abatió sobre él. En medio de la oscuridad, el hombre resbaló y fue a caer al abismo. Entonces llamó a gritos, pidiendo auxilio, pero nadie llegaba en su socorro. Tenía una pierna rota y no podía salir de allí por sus propios medios.
-Dios mío, voy a morir congelado...
-se dijo.
Y de pronto, cuando estaba a punto de perder el conocimiento, sintió un aliento cálido en su cara. Un hermoso perrazo le estaba dando calor con inteligencia casi humana. Llevaba una manta en el lomo y un barrilito de alcohol sujeto al cuello. El campesino se apresuró a tomar un buen trago y a envolverse en la manta. Después se tendió sobre la espalda del animal que, trabajosamente, le llevó hasta lugar habitado, salvándole la vida.
¿Sabéis, amiguitos qué hizo el campesino con su herencia? Pues fundar un hogar para perros como el que le había salvado, llamado San Bernardo. Se dice que aquellos animales salvaron muchas vidas en los inviernos y que adoraban a su dueño...

Yo solo quería un cigarro

ESTOY terriblemente aburrida y no sé qué hacer. Siento venir al hastío directamente hacia mí para darme un golpe certero en el alma hueca y no sé cómo huir de él. Hoy es tres de enero y para variar estoy sola, sin nadie con quién hablar, tumbada en un sofá contemplando el techo húmedo de mi cuarto. Una agenda llena de números pero ninguno como para poder llamar a esta hora maldita.
Decido salir a caminar un poco. A veces suelo caminar sola para distraerme, a veces funciona, pero a veces lo único que consigo es cansarme. La lluvia jodida; que molesta en la cara; que no moja demasiado; la lluvia hipócrita, no cesa. No hay cigarros en mis bolsillos y necesito uno urgente. Una tienda: difícil de encontrar abierta por este barrio y a esta hora (Rímac, 11.00 p.m.). No conozco muy bien por aquí. Estoy despeinada, sin bañarme, con las bastas mojadas y sucias de barro. La lluvia me molesta, no me deja ver bien. Una luz blanca mojada, que por momentos parece ser un arco iris, me indica que hay una bodega abierta:
-Un Marlboro rojo por favor...
-Sólo hay Salem.
Maldigo para mis adentros. Ojalá me gustaran los mentolados. Salgo de la tienda y mi desconcierto aumenta. No sé a dónde ir. Ver las calles así, mojadas, oscuras, sin mucha gente hacen que me de cuenta de mi realidad: me siento infinitamente sola, estoy sola.
Tengo un poco de miedo: siento que algo puede pasar de pronto pero aún así decido ir más allá. Veo otro fluorescente que despide luz mojada igual que el anterior. No creo que tengan los cigarros que quiero pero igual decido ir.
La tienda huele a humedad, tiene unas cuantas verduras secas, algunas golosinas y pocos cigarros.
Sé que no hay Marlboro, y lo más probable es que la cholita que atiende piense que "Marlboro" es el nombre de algún actor gringo. A un costado de la tienda un grupo de chicos conversan con desgano. Pienso por unos segundos lo estúpida que se me escucharía pidiendo un Marlboro en aquella tienda casi provinciana. Pero ahora estoy parada frente a la reja mirando directamente a los ojos a la pequeña cholita que espera que pida algo. Sólo atino a decir:
-¿Tiene camotes?
-Se han acabado..
Doy media vuelta lista para irme y veo que alguien saca un Marlboro de su bolsillo y lo enciende. Lo miro atónita. Me es difícil describirlo ahora. Sería poco decir que no era muy blanco, que tenía el cabello corto, oscuro, ondulado, los ojos oscuros, una camisa de cuadros. Mejor podría decir que era un chico joven, casi de mi tamaño, bello como un ángel. Me imagino la publicidad de un ángel fumando: sería perfecta. A esta hora y en este barrio de mierda aquel chico sólo podía ser una visión; pero descubro que es real cuando aspira el humo de su cigarro y me dice:
-De repente puedes encontrar camotes en la otra tienda.
Sabía a qué tienda se refería, pues yo venía de allí. Sin embargo le pregunto:
-¿Dónde queda exactamente? No conozco muy bien por aquí...
Me explica con señas y palabras pero no le presto atención. Me he quedado estúpida mirándolo.
-Gracias- respondo y me voy.
Sigue lloviendo. Decido ir por el camino más largo.
Necesito caminar, quizás así la confusión por la que atravieso desaparezca.

Después de tres cuadras, sigo con la mente vacía, en blanco. Resbalo, caigo y me golpeo. Estoy sucia de barro. Las manos me arden y las rodillas me duelen. Permanezco sentada en la humedad y suciedad de aquella vereda. No me importa. Me doy cuenta entonces de lo desarreglada que estoy. Me fastidia. No sé qué hacer. Abrazo mis rodillas y hundo mi cabeza en ellas. Empiezo a llorar y siento punzar a las gotas de garúa sobre mi nuca desnuda como alfileres. No sé cuánto tiempo he estado ahí, me paro cuando empiezo a estornudar y mi ropa está ya húmeda.
Llego a casa. Mecánicamente marco un número en el teléfono. Seguramente es de alguna amiga, pero no sé exactamente de quien. No me importa, sólo necesito contarle esto a alguien, a quién sea. Nadie contesta. Cuelgo.
Necesito un cigarro fuerte. Necesito saber quién es él. ¿Será que la soledad la vuelve a uno vulnerable? Quizás no era bello; quizás era un chico cualquiera, un tipo común; pero me habló. Tal vez necesitaba alguien que me hablara, aunque sea que me diga dónde puedo comprar camotes a esta hora de la noche. ¿Qué puedo hacer ahora? No lo sé. Sólo sé que lo necesito demasiado, tanto o más como necesito un cigarro en este momento.
Por un momento escucho al silencio que aumenta. Algunas imágenes torcidas pasan por mi mente. Necesito un cigarro. Necesito hablar con alguien. Me siento terriblemente mal.
Ahora sólo sé que no soluciono nada aquí tirada sobre este sillón; a solas; a oscuras; masticando un chicle de menta para medrar mis ansias de nicotina; llorando; escuchando a Silvio Rodríguez decir: "el problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse, el problema vital es el alma, el problema señor sigue siendo sembrar amor".
La escena de la tienda pasa por mi mente como una película una y otra vez. Pienso: ¿Qué hubiera pasado si hubiera pedido una cajetilla de Marlboro en esa tienda? Quizás la cholita no me iba a entender, pero quizás una mano pudo acercar hacia mi boca un cigarro y encenderlo; después ambos sonreiríamos y conversaríamos. Tal vez deba salir corriendo ahora mismo, o esperar una eternidad hasta el otro sábado, a esta misma hora en la misma tienda.
Miro la ventana húmeda y pienso: me gustaría que lloviese a cántaros, así podría salir a caminar y podría llorar mucho, desahogarme mientras la lluvia se mezcla con mis lágrimas. Sería como un rito de purificación.
Imposible. La lluvia menuda sólo logra empañar la ventana. Me he cansado de llorar. Intentaré dormir, aunque es difícil cuando se tienen los ojos hinchados

El Avaro Mercader

Erase un mercader tan avaro que, para ahorrarse la comida de su asno, al que hacía trabajar duramente en el transporte de mercancías, le cubría la cabeza con una piel de león y como la gente huía asustada,
el asno podía pastar en los campos de alfalfa.
Un día los campesinos decidieron armarse de palos y hacer frente al león.
El pobre asno, que estaba dándose el gran atracón, rebuznó espantado al ver el número de sus enemigos.
-Es un borrico! -dijeron los campesinos-. Pero la culpa del engaño debe ser cosa de su amo. Sigámosle y descubriremos al tunante.
El pobre asno emprendió la gran carrera hasta la cuadra del mercader; y tras él llegaron los campesinos armados con sus palos propinando tal paliza al avaro, que en varios días no pudo moverse. Al menos la lección sirvió para que aquel avaricioso alimentase a su asno con pienso comprado con el dinero que el fiel animal le daba a ganar.


La Aventura del Agua

Un día que el agua se encontraba en su elemento, es decir, en el soberbio mar sintió el caprichoso deseo de subir al cielo. Entonces se dirigió al fuego:
-Podrías tú ayudarme a subir mas, alto?
El fuego aceptó y con su calor, la volvió más ligera que el aire, transfor-mándola en sutil vapor.
El vapor subió más y más en el cielo, voló muy alto, hasta los estratos más ligeros y fríos del aire, donde ya el fuego no podía seguirlo.

Entonces las partículas de vapor, ateridas de frío, se vieron obligadas a juntarse apretadamente, volviéndose más pesados que el aire y ca-yendo en forma de lluvia. Habían subido al cielo Invadidas de soberbia y fueron inmediatamente puestas en fuga. La tierra sedienta absorbió la lluvia y, de esta forma, el agua estuvo durante mucho, tiempo prisionera del suelo y purgó su pecado con una larga penitencia.

Un Sueño Nocturno

 

Por allá, en los campos cubiertos de verde herbaje, en una mañana, alborozado por tener un amanecer muy fastuoso, al igual que todos los días, estaba sentado en el jardín, afuera de mi casa, viendo lo  maravilloso que eran los paisajes de mi pueblo y me preguntaba, como se crearon estos paisajes y yo mismo me respondía; tal vez por las aves, porque cuando comen las semillas, mientras vuelan, las van regando las semillas por estos campos y por las constantes lluvias de verano e invierno que hay en el pueblo, han crecido y se han convertido en hermosos lugares donde pasar una tarde junto a tu familia; o a lo mejor, todo esto se formó y ha estado desde siempre y hasta ahora el hombre ha conseguido, estar protegiendo día a día estos paisajes, para que así no desaparezcan y las próximas generaciones puedan disfrutar de él, entonces me di cuenta de lo importante y maravillosa que es la naturaleza...